MAYÉUTICA, por Pepe Beltrán
Ladran, luego cabalgamos; espetó el ingenioso hidalgo a su fiel escudero. Y yo establezco un interesado paralelismo hasta preguntar qué tendrá el CD Castellón para suscitar tanto interés a pesar de los 5,2 millones de deuda que arrastra y de militar en la cuarta división del fútbol nacional sin visos serios de aspirar a nada que no sea la mediocridad clasificatoria. A fe que no hallo respuesta convincente.
Mi vena más emocional daría por demostrada la teoría chovinista que pregona la existencia de un halo diferencial respecto del resto de clubes y del fútbol mortal, el de los noventa minutos, el del oropel, la champions y el mundial incluso, el triunfo de ese sentimiento que de tanto mentarlo en vano ha quedado embrutecido, pero ni siquiera estómago tan agradecido digiere esa píldora.
Todo lo contrario, si algo nos mantiene vivos hoy es la voracidad incansable de los especuladores y su cohorte leguleya, cuando médicamente ya estábamos muertos. Ese trasfondo económico que asusta sólo de pensarlo en el ayuntamiento, la diputación y la Generalitat, conscientes de su complicidad en el casi entierro por omisión de funciones, que les recuerdo, inmisericorde, desde hace diecisiete semanas. Pero tampoco puede tomarse en consideración la construcción de un campo nuevo a expensas del negocio de recalificar el suelo que pudiera quedar libre, pues que las ínfulas y la megalomanía también requieren dinero del que sustentarse.
Y prosigo con mi particular aplicación socrática, porque no puedo entender que mi escudo, mi bandera o mi historia despierten tantos anhelos, tantas ofertas de compra; eso sí, sin que ningún candidato, repito ninguno, haya descubierto ni sus avales, ni su proyecto, y todo lo tengamos que fiar a empatías o gracejos costumbristas, discursos preñados de estilismo vacuo o el más sofisticado y españolísimo hacerse amigo de los enemigos de mi enemigo. Unos y otros cargan contra quien no les ríe las gracias o aplaude sus gestos, con idénticos argumentos que luego no se aplican a sí mismos, y así hasta el Juicio Final, sin mayor interés que el de llegar entero a la meta, como si de una carrera se tratara en la que los deméritos del rival puntúan más que las virtudes propias.
Lo único que se ha conseguido hasta ahora es dividir a la otrora gran familia albinegra en dos subramas, la de quienes necesitan claridad y trasparencia para definirse, y la de los fieles de Jesús Jiménez, quien no necesita demostrar nada de lo que él exige a los demás. No ha mucho me acusaron de ser el portavoz del abogado valenciano simplemente por hacerme eco de sus movimientos en torno al club, a lo que se lee –es un decir– en las redes sociales de manera insuficiente para el protagonista. Tanto que el otro día se me quejó por teléfono del titular de una entrevista al presunto presidente, Fernando Miralles, quien le acusaba de impagos al Castellón. Presto, Jiménez mató al mensajero y denunció ferozmente nuestra implicación –publirreportaje le llama algún ignorante– y el hecho de que la noticia no hubiera sido contrastada. Le contesté que nadie ha criticado más a Miralles –cuestión de hemeroteca–, para luego corregirle que su supuesta deuda no fue motivo de titular, sino un subtítulo más, y que en la misma página también se recogían sus pretendidas aclaraciones a una emisora. Reconoció que eso no se lo habían contado y pidió perdón, pero en privado, a mí. Todavía espero que rectifique sus andanadas contra compañeros de esta casa que han publicado todas las manifestaciones, notas y convocatorias que nos ha hecho llegar, como lo seguirán haciendo con él y cuantos tengan algo que decir sobre la triste actualidad albinegra. Eso sin entrar a valorar la manipulación realizada por su, llamémosle instigador, o resaltar la ausencia de ese justificante de pago con el que recurrir al amparo de los juzgados.
Pero prefirió seguir haciendo proselitismo barato cuando añadió que no le llamamos desde el 14 de agosto. Obvió para ello la conversación en la que me ofreció el documento de compra-venta de Miralles, que aún estoy esperando. Como miente cuando asegura que Levante de Castelló ha tenido acceso al contenido de su oferta, utilizando en beneficio propio nuestro prestigio e independencia que luego intenta desacreditar sin éxito.
Puedo aceptar como lance mercantil su batalla dialéctica, que no argumental, con Miralles, mas no sé a santo de qué sus ataques a este periódico, a Sentimiento Albinegro, a la Federación de Peñas, a los administradores del Foro y a cuantos no se han alineado con él. Ojo, ni con nadie. Algunos sin estilo, nervioso, como si temiera un desenlace fatal.
Y concluyo: ¿Alguien puede decirme a quién beneficia que todos estemos enfrentados? Seguramente a quien no quiere el bien del CD Castellón. Eso se llama mayéutica.