Columna de Pepe Beltrán, del miércoles 23 de mayo de 2012
FUENTEOVEJUNA, por Pepe Beltrán
Aunque algunos se resignan y dan por acabado el último capítulo de nuestra historia, pienso que es el momento de levantarse y mirar de cara al futuro. No espero nada de la rueda de prensa de Isidoro Gasque, si acaso en su anterior comparecencia, pero su orgullo le llevó entonces a huir hacia adelante, a abocarse al precipicio antes que pedir perdón, más por el error de su alineación que por los vilipendios acosta de este caro protagonismo banal de apenas dos meses que a punto ha estado de costarnos la muerte, pero la vergüenza ya le supone suficiente penitencia a quien patrimonializaba el Rh y la fe, mientras afeaba a los demás su incredulidad. Y no es él solo quien habita en el purgatorio. Otros, como Pedro Izquierdo, JuanTriviño y el supuesto consejo de administración, tampoco pueden sentirse orgullosos de su apuesta por la división y el oscurantismo que ahora nos amenaza con la disolución de la entidad. Aunque víctimas consentidas, cómplices incluso, todos sin excepción son albinegros, no como Jesús Jiménez, un mercenario con un guión preconcebido para el que el CD Castellón solo suponía una arma de destrucción masiva para ese objetivo único de salvarse él, junto a su amigo, socio y padrino de su hijo. Nadie, y yo el primero, puede negar que no se haya creído en algún momento a Jotajota, cuestión
distinta ha sido participar en mayor o menor medida de su estafa o rectificar a tiempo. Pero todos aquellos que sustentaron su infamia cargan ahora con la más pesada tarea, y no es reconocerlo, que también. Para mantener vivo este club hacemos falta todos, sin mirar atrás. Y hablar en positivo, de soluciones reales antes que de quimeras. El Castellón está en la UCI, cierto, mas con la esperanza de que la unidad de su afición pueda revitalizarle. Para ello, y sabiendo de antemano que estamos solos, que ni los grandes empresarios ni las instituciones hicieron nunca nada por nosotros, y así nos ha lucido, sólo queda trabajar juntos desde la humildad.
Toca presionar para que se consuma esa espantada en forma de dimisión formal ante notario. Y ahí los exjimenistas deben asumir ese rol. Como luego corresponde convocar, convencer, enamorar incluso, a aquellos que antaño despreciamos, con saña incluso, para que aporten su gestión y su proyecto, y sobre todo su ilusión. Formar un grupo único, sin concesiones a la individualidad, cuya primera obligación pasa por la de aunar los esfuerzos sin otra bandera que la albinegra. Las peñas y los pequeños accionistas, los socios de a pie y los de tribuna, la Fundación y los veteranos, los aficionados de barra de bar y los ilustres. Todos a una. Y unidos atender las nóminas de los jugadores y normalizar la situación administrativa del club, porque con esos pagos será más fácil negociar la compra de una plaza en segunda división B. Nunca antes. Con esa estructura consolidada ya se podrá negociar la deuda con Hacienda y Seguridad Social, reclamar subvenciones y plantear si cabe el concurso o la ampliación.
La idea de un Castellón de sus socios, además de romántica, pasa por ser la única solución a falta de grandes mecenas. A nadie escapa, sin embargo, que esta afición ha sido más dada a despellejarse que a abrazarse, a twitear que a poner dinero. Ahora se nos regala la gran, y última, oportunidad de demostrar que no sólo nos blasona un sentimiento, porque los intangibles devienen insuficientes cuando de la supervivencia hablamos. Si conseguimos levantar de nuevo nuestro estandarte, que a nadie escape que se cumplirá la mejor venganza contra Castellnou –Jiménez incluido– como responsable de esta ignominia, de este guerracivilismo, de esta herida de muerte. Desde la salvación, ya podremos reconfortarnos luego y buscar los documentos que lleven a todos esos fulleros a la cárcel.