LAMAYORÃA
EscribÃa la semana pasada sobre la importancia de que los accionistas minoritarios del Club Deportivo Castellón se agrupen para dejarse oÃr, en el convencimiento de que son los únicos que invocan al orgullo y al sentimiento frente al afán de negocio y del chanchulleo que nos (des)gobierna. Esa comunión bajo una única fe, la albinegra, pretende obligar a convocar esa junta general que se nos está negando, aún a sabiendas de que la misma no supondrá variación alguna en la gestión de la sociedad -en el depravado sistema mercantil en el que habitamos, incluso con el 49% del capital social sigues sin mandar-, pero sà permitirÃa alentar el abandonode la resignación quesiempre nos distinguió, amén de introducir donde toca incómodas preguntas sobre la deuda del club, los ingresos por traspasos, las ayudas institucionales, la incumplida remodelación del consejo, su proyecto de futuro en suma, muchas de las cuales han argumentado esta sección desde hace tanto tiempo como el que llevan sin hablarme los Osuna, Blasco y Laparra, en una clara relación causa-efecto.
Las acciones que se requieren para ello son 3.500 de las 5.000 ajenas al control de Castellnou y posibles afines, que a nadie escape también los habrá pese a tanto desmán protagonizado. Parece que la llamada de auxilio ha calado a tenor de la respuesta inicial que han ofrecido los órganos de comunicación habituales de la afición, esto es las redes sociales, desde el foro de las peñas al facebook y twitter, pero del todo punto insuficientes.
No quisiera emular al cáusticoWinston Lobo de Harvey KeiteI en Pulp Piction; pero más que halagos recÃprocos necesita más soluciones. Insisto que, con independencia de ese goteo que recoge su web, la Fedpecas debiera hacerse con el libro de accionistas de la sociedad para iniciar las conversaciones oportunas con aquellos más significativos, ya sea por el número de tÃtulos suscritos en su dÃa como por su condición de referentes del albinegrismo.
Igual que apelo a la conciencia de ese intangible que es la masa social, todavÃa con más motivo requiero a Isidoro Gasque, JoaquÃn Roca, José Luis del RÃo, Antonio Bonet, Pablo Baigorri, Juan Planelles, José Enrique Catalán, Miguel Meseguer, José MarÃaArquimbau, Vicente Cabrera, José Prades y a cuantos coinciden en la obligación de intentar salir de ese sumidero en elque nos han abocado tanta complacencia como desafección. Si grave fue la crisis vivida en tiempos de los LausÃn, Peteiro, Sanmateo y cÃa, no es peor la actual, ergo merece no sólo la reprobación sino nuestra intervención. Seguro que esa denuncia colectiva que reclamo no pasarÃa desapercibida para esa clase polÃtica, sorda, ciega y muda ante este club moribundo, y hasta obligarÃa a rediseñar su programa electoral a cuatro meses de las elecciones. Si hace cuatro años, unos y otros se inventaron la milonga de un campo nuevo antes de que la realidad deportiva lo forzase, bien harÃan ahora en darle utilidad al actual, por deteriorado que esté, antes de que acabe siendo un recinto cerrado y un club en liquidación.
Nadie mejor que el ayuntamiento para administrar, que no patrimonializar, esa revolución social. Nadie mejor para comprar el club por lo que vale, nada, y redistribuir sus acciones a conciencia antes de que a cualquier iluminado se le ocurra incluso hipotecar los derechos urbanÃsticos y comerciales de Castalia, dejándonos en la miseria deportiva y en la ruina económica de por vida. No podemos consentirlo, porque además de ampararnos la razón, nos avalan el sentimiento y nuestra historia.
Defendamos pues que no somos los minoritarios en esta empresa, sino esa inmensa mayorÃa que encuentra en el Castellón, en su himno, en su bandera y en su escudo, una razón de vida. Son los demás quienes están en franca desventaja.
Publicat a l'edició impresa de Levante de Castelló. Signat per Pepe Beltrán.