Artículo de Pepe de hace dos meses. Lectura muy recomendable para hoy:
EL ILUSIONISTA, por Pepe Beltrán
Dentro del mundo del espectáculo, los ilusionistas siempre han gozado de un áurea especial, distinta. Todos nos quedamos embelesados con sus actuaciones. Son capaces de hacernos creer lo que nuestra razón niega, valiéndose de subterfugios, habilidades y más de un trampa visual. No conozco a nadie que no le guste un número de magia, que nos mantiene en vilo rivalizando con la lógica. El problema llega al salir del teatro, cuando todo vuelve a la más dura y aburrida cotidianidad.
El CD Castellón se ha convertido en el escenario idóneo para el prestidigitador Jesús Jiménez, cuyas fullerías conocen bien en el club de voleibol femenino de Toledo. Solo él podía hacernos ver otra realidad, confundirnos y encima salir aplaudido, porque todos prefieren seguir embobados sin pensar en las consecuencias fatales de vivir permanentemente en ese estado de ignorancia al que nos someten sus artes.
La populista junta extraordinaria de accionistas del sábado fue su penúltimo número. Jotajota acudió a la cita con una delegación de acciones, como este periódico probó al no haber comprado los títulos cuyo derecho ostenta Fernando Miralles. Volvió a enseñar un montón de papeles, pero se fue sin dejar que nadie los leyera, ni siquiera el notario. Nada por aquí, nada por allí.
De la chistera se sacó luego el Libro del Club, cuya modificación no corresponde ni a Miralles ni a Jiménez, pero que sorprendentemente –o no– el presidente de la junta quiso dar por legal. Y eso que hasta en tres veces el ¿imparcial? Pedro Izquierdo reconoció ante los presentes otros tantos motivos para que el Registro Mercantil no aceptara la inscripción del nuevo consejo de administración, por no estar en el orden del día, si no reconoce la excepcionalidad del momento y hasta por las sombras en el control accionarial. La demagógica justificación de la jurisprudencia se tumba con otras tantas sentencias adversas. Pero no pasa nada. «Somos los putos amos», se le escapó al secretario de la asamblea y no menos partidista Juan Triviño.
Porque JJ ya deja que los demás cometan el pecado y, sumisos y lenguaraces, se encarguen de defenderle al tiempo que se revuelcan en el lodazal de la impudicia hasta ahogarse. Empezó Isidoro Gasque acusando al Ayuntamiento de Castelló de prevaricación, y ahora que ya ha conseguido su sueño de volver a decorar gratis el palco pide perdón en plan patriarcal por su injuria, obviando concretar, no sea el caso que alguien le pille el renuncio o el ridículo. Le siguen unos cuantos twiteros, con la esperanza de un cargo en el consejo para el que suelte la difamación más gorda, aderezada con insultos y amenazas que ya han pasado por la unidad telemática de la Policía Nacional.
Más allá del perfil social de ese consejo impuesto a golpe de varita mágica o el exotismo intercultural que lo empalaga, cabe aplaudir el éxito de incluir en el mismo a un representante de jugadores, a un comisionista, a un Osuna dos, sin que hayan alzado la voz ninguno de cuantos antes habían afeado esa dependencia o los oscuros objetivos que pudieran interferir con las necesidades del Castellón. Magia potagia.
Pero los trucos de Jiménez todavía llegan más lejos. Ha hecho creer a todos que quien no está con él, está con Castellnou. Aquí no se trata de lucir currículo, ni ADN, ni mucho menos proyecto, si no de desprestigiar a quien ose cuestionar su discurso. Probablemente porque se trate de un argumentario huero o porque el único con un pasado y un presente en Castellnou es el suyo, como denunció Levante de Castelló al descubrir que el representante de Forenia en el consejo de administración hasta el sábado todavía era su ¿archi enemigo? Antonio Blasco. Los paniaguados de JJ pretenden que los demás justifiquen actos que no han cometido mientras a él le idolatran pese a mantener al ex consejero delegado como socio en tantos negocios y confidente habitual de las interioridades del club.
El problema es que, en su vanidad, el mago ya se cree dios y se permite el lujo de pedir responsabilidades por los dos últimos años de gestión del club, los únicos en los que él ya no figura; como tampoco se ruboriza ensuciando de sospechas la misma Fundación en la que firmó todo tipo de documentos. O cuando reclama el apoyo económico institucional sin haber aportado las pruebas solicitadas y hasta la suscripción popular para una ampliación de capital, él que tenía el dinero esperando y dudaba que nadie más pudiera tenerlo.
Jotajota ya no se conforma con el aplauso fácil en otro juego de manos –o de palabras–, ayer mostró el talante con el que trata a quienes cuestionan sus intereses. Ahora resulta que no puede actualizar las cuentas porque Paco Chinchilla retiene documentación. Si no tiene dinero para una demanda, que es lo que toca frente a tamaña ignominia, una copia simple sólo vale 50 euros. Lo demás son excusas de mal pagador.
El abracadabra final supone obligarnos a elegir entre la ley y el Castellón, como si fueran términos excluyentes, para solaz de quienes siempre abogaron por la disolución y la refundación, que cada vez veo más cerca. Y este periódico, con Tárrega, con Palau, con Sanmateo y con Lausín, siempre denunció sus ilegalidades. La tortuosa senda de la prostituida resignación o la hipócrita conciliación, todos a sabiendas de la irregularidad, supone un delito de complicidad que prefiero delegar en los más ilustres compañeros de la prensa o en los genuinos representantes del sentimiento albinegro.
Dacapo. Aunque todo se engloba dentro de la misma noble profesión del mago, existen varias subramas y extraordinarios referentes. Una de las más populares a principios del siglo XX fue la del escapismo y Houdini su gran exponente, como Copperfield lo fue a finales de siglo. El número definitivo de Jesús Jiménez será imitarlos y dejarnos a todos con la boca abierta.